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jueves, 15 de diciembre de 2011

TIEMPO DE LLUVIAS Y VIENTOS



 LA GRAN SABANA -FOTO: WEB.
 A  través de la Gran Sabana, rodeada de pequeñas selvas y cerros, apenas interrumpiendo a su paso la maravillosa quietud, un autobús turístico recorría la impecable cinta de asfalto, que serpenteaba suavemente por las mesetas, rumbo a San Francisco de Yuruní.

SAN FRANCISCO DE YURUNI -FOTO: MPG.
  Al llegar al poblado, la guía informó a los visitantes acerca de las facilidades turísticas del lugar: el pequeño restaurante atendido por los nativos, donde se podía almorzar;  las ventas de artesanías elaboradas por los indios pemones, y, por último, les indicó los sitios más seguros para tomar fotos.

GRAN SABANA - CAIDA DE AGUA.
FOTO: MPG.
        Una de las chicas del grupo no daba descanso a su cámara. Se movía con rapidez, tratando de captar lo que le ofrecía el  paradisíaco lugar. De pronto, en uno de esos movimientos,  el bolso se le resbaló del hombro y cayó al suelo,  esparciendo todo su contenido sobre la maleza. La joven, dándose prisa, metió los objetos dentro de la cartera, pues ya la guía hacía la primera llamada  para que el grupo de turistas abordara el autobús. La segunda llamada de salida  apresuró sus pasos hacia el vehículo que los llevaría hasta Santa Elena de Uairén.

SAN FRANCISCO DE YURUNI - GRAN SABANA:
FOTO: MPG.
     Caía la tarde, y sobre San Francisco de Yuruní un cielo de algodón plomizo anunciaba que era el tiempo de las lluvias, los vientos y los zancudos, y tiempo, también, de desovar los peces.
Un joven pemón salía de su churuata con los ojos enrojecidos por el "guarapo de los ojos", que no dejaba de mojarle el rostro. Su mujer estaba en cama desde hacía varios días con el hijo en el vientre a la espera del médico que traería el avión de la Guardia Nacional. El no quería ser un "Karaun-yen", no deseaba ser llorón, pero el dolor en el pecho, en la pepita del vientre" lo sacudía como el viento a una palma moriche. No soportaba la idea de que su mujer y su hijo lo abandonasen. Caminaba cabizbajo entre la hilera de churuatas del poblado, perdiéndose por las verdes colinas, mientras esperaba la llegada del galeno. El cielo encapotado, casi negro, le avisaba que se avecinaba la tormenta; también se lo recordaban los relámpagos y los truenos, pero el joven indio  parecía no ver ni escuchar sino la voz de su corazón, que acallaba cualquier otra, y continuó su camino sin rumbo fijo. Recordaba con claridad el día en que su madre lo tomó de la mano sonriendo, y  se lo llevó al Hermano José en la Misión de Kamarata. Allí  conoció a otros niños y junto con ellos aprendió a leer y a escribir, se convirtió a una nueva religión y se hizo experto en varios oficios. A ratos, el recuerdo de su mujer enferma interrumpía sus pensamientos, pero trató de calmarse. Entonces su mente lo llevó de nuevo al encuentro de otros momentos felices.

QUEBRADA DE JASPE. GRAN SABANA. FOTO: MPG
    Sobre todo  el de aquella tarde, cuando regresaba del trabajo y se detuvo en la Quebrada de Jaspe. Aquel en el que   vio a una chica bañarse  en sus aguas. Retozaba feliz, bajo las cascadas. Su cuerpo moreno y bien formado, de muslos y senos prietos, lo sedujeron al instante. La observó embelesado. Luego, retirándose, guardó su imagen para soñar con ella. Al poco tiempo la conoció   en una fiesta de San Francisco de Yuruní; se hicieron novios, bañaron su amor en esa misma quebrada, y ahora ella, Diosita, yacía en el lecho sin saber, todavía, si irse o quedarse. En medio de su dolor, el indio rogaba al Ser Supremo que su mujer y su hijo se salvaran, que no se fueran antes que él al lugar de sus antepasados. Pero ¿Qué podía hacer mientras esperaba la llegada del médico?  Entonces recordó el trozo de un salmo que Sor Antonia le enseñó, cuando era niño, en la Misión de Kamarata: "Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra"..." ¿Qué seguía luego?" Trató de recordar cómo continuaba la oración, pero no se sabía el resto, por lo que se limitó a repetir ese trozo por espacio de varios minutos, mientras levantaba los ojos hacia los negros  nubarrones. Un relámpago zigzagueó en  el firmamento, y se escuchó la profunda voz del trueno estremeciendo la Sabana. La lluvia comenzó a caer con fuerza. " ¿Cómo estará Diosita"? El joven resistía la lluvia, empapado ya, cuando su agudo oído, acostumbrado a "sentir" los motores de las "canoas de zamuro" a miles de kilómetros de distancia, hizo latir su corazón esperanzado. Se detuvo para pegar la oreja al suelo y adivinar la distancia del avión que se aproximaba. Entonces, al agacharse, alcanzó a ver un objeto azul entre el matorral, empapado y cubierto de lodo. Apartó la maleza. ¡Era un libro! Tomándolo, limpió la cubierta y en letras doradas  leyó: "Nuevo Testamento. Salmos. Proverbios".

Datos personales

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Nací un 28 de marzo en Caracas, Venezuela. Trabajé en la Industria Petrolera Venezolana e Internacional, incluyendo OPEP. Amo la Libertad, la Democracia y la Paz. Escribo cuentos: www.uncuentoentreamigos.blogspot.com