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domingo, 1 de mayo de 2016

EN UN BANCO DE LA PLAZA

Cuento publicado en en 2006 en:  http://www.uncuentoentreamigos.blogspot.com

Doña Eugenia vivía en El Hatillo desde hacía muchos años, pero no había perdido ni la costumbre ni el gusto de ir a la Plaza Bolívar los domingos. Y menos aún ese día, en el que se celebraban las fiestas patronales en honor a Santa Rosalía de Palermo, y la Orquesta Los Melódicos amenizaría el evento con una programación al estilo Big Band. Así que, muy entusiasmada se acicaló, se vio en el espejo y sonrió satisfecha. A pesar de los años, la imagen reflejada le recordaba, todavía, la gracia de su ya lejana juventud.

La acompañó a la plaza, Eduardo, su hijo mayor, quien prometió ir a buscarla cuando cerrara el negocio. Como ya los asientos estaban ocupados en su totalidad, la señora se ubicó en un banco de la plaza, desde donde, podía ver y escuchar el concierto cómodamente. Entonces, a la hora fijada prorrumpió la música, alegrando la tarde hatillana. Una pieza siguió a la otra, en medio del entusiasmo general. Doña Eugenia se movía, contenta, de un lado al otro. Y así pasó un buen rato hasta que, de pronto, los primeros acordes de Poinciana, una antigua melodía, interrumpieron su alegre vaivén para revivir, en sólo un instante, los detalles de un doloroso pasado, hasta entonces escondidos en lo más profundo de su alma.

Aquella tarde de agosto había fiesta en el Club Florida; los estudiantes del Colegio San Ignacio celebraban su grado de Bachiller con una vespertina bailable. Las hermanas González: María Enriqueta, María Inés y Eugenia María, se encontraban sentadas con sus amigas al lado de la inmensa piscina. Las chicas reían, hablaban, pero sin dejar de mirar con mal disimulado interés a los muchachos, ansiosas de que las sacaran a bailar. Cuando la orquesta comenzó a tocar Poinciana- tan de moda en aquellos días por haberla llevado Glenn Miller a las tropas aliadas, en Europa- un chico alto y rubio se dirigió hacia donde estaba Eugenia María.

- ¿Me permite? Le preguntó al extenderle la mano, mientras sonreía.
Ella aceptó gustosa y él rodeó su talle con firmeza. Luego, acoplándose sin dificultad al paso marcado por su compañero de baile, la espigada figura de Eugenia se deslizó sobre la pista, haciendo bailar también su vestido de crepé de China. Danzaron toda la tarde y, al despedirse, prometieron verse al día siguiente. A ese encuentro siguieron otros, tímidos al principio, atrevidos después, y Poinciana, la pieza musical que bailaron juntos cuando se conocieron, se convirtió en el símbolo de amor de la pareja.

Pero un día la felicidad de Eugenia se vio ensombrecida por una angustiosa sospecha: creía que sus apasionados encuentros con Ignacio habían dado fruto. Luego de largas noches de insomnio, decidió visitar al médico, quien confirmó su terrible temor: tenía dos meses de embarazo. Eugenia entró en pánico. La asustaba la reacción de sus padres cuando se enteraran. Luego, muy nerviosa, decidió comunicárselo a su novio. Estaba convencida de que él la apoyaría, puesto que ambos habían sido los responsables de esa difícil situación. Se citaron en una heladería del centro. Una vez allí Eugenia, llorando, le mostró a Ignacio el resultado de los exámenes médicos. El muchacho comenzó a sudar copiosamente cuando los leyó. Estaba lívido. Quería decir algo, pero no podía articular palabra por más que lo intentara. Entonces, vio cómo los ojos verdes de la chica se fijaban en él, suplicantes.
-¿Y…?
No hubo respuesta por parte del muchacho de dieciocho años. El terror se reflejaba en su mirada.
-¿No dices nada, Ignacio?- insistió desesperada la muchacha, tomándole las manos. Pero él la rechazó bruscamente, parándose para irse, y entonces la increpó, altanero:
-¿Es… estás segura de que es mío? Yo… la verdad, no lo estoy…- dijo retorciéndose las muñecas mientras caminaba de un lado a otro.
-¡Ignacio, por Dios, cómo dices eso! Sabes muy bien que eres el primer hombre en mi vida. ¡El bebé es tuyo, Dios mío, es tuyo!- gritó llorando la jovencita.
- ¿Y cómo lo sabes? Yo no tengo nada que ver con eso. Es más, quiero que sepas –dijo apuntándola con el dedo - que si lo que estás buscando es que me case contigo, no lo vas a lograr ¿Me entiendes? ¡No lo voy a hacer! – vociferó, y diciendo esto, salió apresuradamente del local.
Eugenia, sollozando, trató de alcanzarlo en la calle, pero no lo consiguió: Ignacio se había esfumado entre la gente. Entonces volvió a su casa. Trató de conciliar el sueño, inútilmente. Al amanecer se levantó y fue al estudio de su padre. A pesar de la terminante prohibición que había dado don Isaías a sus hijos, de tocar el revólver calibre 38 que escondía en la gaveta de su escritorio, la chica lo tomó y verificó si estaba cargado. Guardó el arma en su cartera y, muy temprano, se dirigió al Club Florida. Esa mañana los chicos realizaban una competencia de natación. Al llegar al centro deportivo, la chica se situó frente al local y esperó, angustiada, que apareciera Ignacio. Cuando lo vio llegar, lo llamó y le dijo, apuntándolo:
- ¡Ignacio, aprende a ser hombre!
El muchacho, estupefacto, se detuvo en seco. Una profunda palidez le pintaba el rostro, y antes de que pudiera decir palabra, un disparo cortó la mañana, mientras la voz de Eugenia sonaba hueca al gritarle:
- ¡Eso te lo dejo de recuerdo, desgraciado, por haber dudado de mí! ¡No quiero volverte a ver nunca más en mi vida! ¿Entendiste? ¡Nunca más!
Luego, horrorizada, dejó caer el arma, estalló en llanto y cayó en un severo estado depresivo. Después, el tiempo como un bálsamo divino, se encargó de aliviar las heridas del alma de Eugenia, quien dio a luz un varón. Al año siguiente se casó con su médico tratante, y tuvieron cuatro vástagos.

La música continuaba emocionando los corazones de la audiencia en la Plaza Bolívar de El Hatillo.
- Buenas tardes, señora ¿Me permite?
Doña Eugenia volvió a la realidad. Un hombre alto y de edad avanzada se encontraba frente a ella, interrogándola sonriente.
-¿Está libre este puesto?- volvió a preguntar mientras señalaba el banco.
- Sí, sí, por supuesto. Siéntese, por favor,- dijo recogiendo el suéter del asiento. Ella aún permanecía bajo el influjo del recuerdo. Continuó la música. Y más tarde, al finalizar el concierto, el anciano inició tan agradable conversación, que doña Eugenia recuperó totalmente el ánimo, y tan entretenida estaba que se sorprendió cuando su hijo le preguntó:
- ¿Cómo la pasó, mamá? ¿Se divirtió? –
- ¡Dios mío, hijo, ya estás aquí! ¡Qué rápido pasó el tiempo¡ ¿Que si me divertí? ¡Ay, sí, mi amor, cómo no! El concierto estuvo muy lindo, y este caballero me hizo pasar una tarde muy agradable. - Por cierto,… – dijo al dirigirse a su compañero de asiento - hemos hablado tanto esta tarde que se nos olvidó presentarnos. Mi nombre es Nena de González -. Luego agregó, dirigiéndose a su hijo:
- Eduardo, mi amor, ven, que quiero presentarte al señor…
- Mi nombre es Nacho Pérez. – Dijo el anciano, dándole la mano a la señora, y poniéndose de pie.
- Mucho gusto, Eduardo González – Se presentó el hijo de doña Eugenia. Espero que también usted haya pasado una tarde divertida, señor Pérez. – Y agregó sonriendo: - Le estoy muy agradecido por haber sido tan amable con mamá.
-No se preocupe, yo también disfruté su compañía.
Los dos hombres se estrecharon las manos con gran cordialidad. Luego, todos se despidieron, y cada quien siguió su camino: doña Eugenia, muy contenta, del brazo de Eduardo hacia su casa, y el anciano en dirección a la suya. Lucía satisfecho al apoyar el bastón. Sus pasos eran largos y elegantes, a pesar de arrastrar ligeramente una de las piernas.

Myriam Paúl Galindo

© Caracas, 31 de julio de 2006



miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL VESTIDO COLOR AZABACHE


                                                             DIBUJO: MPG.
                                                 
     Siempre recordaré la mirada de Matías fija en mí casi en todo momento. Sus ojos no dejaban de perseguirme en la oficina, las escaleras, en la cafetería. Creo que  él era muy tímido, porque cuando yo le sostenía la mirada, entonces él bajaba la suya, confundido. El caso es que este joven rubio de ojos azules y atlético, estaba casado. Me lo dijo durante el programa de inducción en la Gerencia de Producción cuando entré a trabajar en la empresa petrolera. Como observara la foto sobre su escritorio, que mostraba una mujer rubia, graciosa, con dos chicos parecidos a él, tan sólo  me dijo que eran sus hijos. El resto era obvio.
      Matías Halteberg era de origen alemán y  uno de los muchos ingenieros mecánicos de la empresa petrolera en la que iniciaba mis actividades laborales como periodista en el departamento de prensa. En varias ocasiones ambos coincidimos en congresos y jornadas. Matías con frecuencia presentaba ponencias técnicas, mientras yo cubría el área informativa. Una vez nos sentamos juntos en uno de esos eventos y, por fin, tras buenos ratos de conversación, nos hicimos  amigos inseparables durante el congreso petrolero. Fue entonces, cuando le conté sobre  mi separación de Julián. Y también el principio de nuestra  extraña amistad.
     Yo sabía que le gustaba; qué mujer no sabe cuándo le agrada a un hombre, y, más aún  si le atrae mucho.  Eso se siente en la piel como el calor y el frío. A veces él me pasaba el brazo por el hombro, y yo, cuando  él lo dejaba más de la cuenta, se lo bajaba riéndome y le recordaba que más de uno podría pensar que ese simple gesto suyo, podría malinterpretarse sin razón alguna.
     En una oportunidad tuvimos que viajar juntos a un congreso en Viena. El evento se llevaría a cabo en el Hofburgh, el palacio de invierno de los emperadores austríacos, esa primavera. Asistirían representantes de  organismos internacionales como la Agencia de Energía Atómica, la OPEP, entre otras instituciones interesadas en la lucha  contra la contaminación ambiental.


                                                   PALACIO IMPERIAL HOFBURG, VIENA.

     Antes de viajar a Viena compré un vestido color azabache que me había fascinado, cuando lo ví en la  vidriera de un centro comercial caraqueño.  Al principio lo consideré un poco atrevido, porque tenía un pronunciado escote en la espalda. Sin embargo,  me lo probé, y como me quedó como hecho a la medida, lo compré. Sólo después en casa, cuando lo hice de nuevo, volví a pensar  que el escote era más pronunciado de lo que mi entusiasmo me había indicado, pues llegaba al final de mi espalda. Quizás un poco más. Y lo peor era que ya no  lo podía devolver, pues el viaje a Viena era dentro de dos días. Entonces, me encontré en uno de los pasillos con Matías y le enseñé la foto que había tomado con el teléfono y,  en medio de la prisa que ambos teníamos con el viaje  le pregunté si  el traje no era muy provocativo. El, mientras atendía una llamada de su celular, la vio, lanzó un silbido y me alcanzó a decir antes de tomar el ascensor y guiñarme un ojo:
     - ¡En absoluto, es precioso y te queda muy bien!-
     Viena lucía hermosa en plena primavera. Todo parecía renacer. Además de la Naturaleza, también nuestras fuerzas, cuando  luego del arduo trabajo diario de casi una semana, por la noche salíamos a cenar en alguno de los muchos Heurigen o Keller que abundan tanto en la ciudad como en las afueras. Una noche comimos en el Bier Klinik, otra vez almorzamos  en el Figlmüller, restaurante típico vienés, y nos sirvieron unos schnitzel gigantes acompañados de la clásica ensalada de papas y, por supuesto, también cerveza.
     Al finalizar nuestra agitada semana, se llevó a cabo una cena en el Palacio Pallavicini y yo me puse mi bello vestido negro, y un abrigo de lana que mi prima me prestó para la ocasión y opinó, al igual que Matías, que el traje era muy bello y fashion. Esta confirmación me dio más confianza en el atuendo azabache, cuando esa noche me  lo puse. Cuando me observé en el espejo, mi propia silueta me animó a salir con él, a lucirlo. Había llevado otro traje de noche blanco, pero opté por el primero, a pesar de su gran escote en la espalda. Pensé que era igual, pues el otro vestido lo tenía al frente y aumentaba, aún más mis ya robustos senos, luego de la operación estética que me realizara hace tres años. Tomé mi abrigo y mi linda cartera de noche, y bajé a reunirme con Matías para  pedir un taxi a la línea del hotel y dirigirnos al Palacio Pallavicini, en la Josefsplatz


                                                     PALACIO PALLAVICINI, VIENA
     Cuando hice mi entrada entre los invitados, las inmensas arañas doradas me envolvieron en reflejos tales, que mi figura brilló al aparecer en la puerta del bellísimo salón donde se llevaba a cabo la fiesta.  Los espejos de cristal multiplicaron mi figura que también brilló en los candelabros. Entonces  Matías se separó un momento de mí pues uno de los asistentes lo requirió un momento, me invitó a que lo siguiera, pero preferí esperarlo. Lo observé unos momentos acompañados de unos árabes pensando que ya regresaría. Pero no fue así, quise entonces alcanzarlo y de pronto, se me perdió entre el gentío. Decidí buscarlo y sucedió que a mi paso, los asistentes, luego de sonreírme, de inmediato  y sin ningún disimulo, me daban la espalda, cuando yo les ofrecía la mía.     Lo que al principio tomé como algo sin importancia, fue tornándose en una situación insoportable. Un frío me recorría la columna, hasta aposentarse al comienzo de mis glúteos. Observé que incluso, los mesoneros tomaban la misma actitud que las personas a quienes llevaban champagne o deliciosos canapés. Hice el intento de tomar una copa o una de las delicatesses de las bandejas, pero éstas se burlaban de mí en mis propias narices para ir tras los otros invitados. Pasaron dos horas en la misma situación y yo desfallecía. Traté de divisar a mis extraviados amigos mientras caminaba por el inmenso salón, pero no los encontré. Me asomé a uno de los balcones para ver si los hallaba por los alrededores del palacio, pero tampoco estaban allí.  Todo se esfumaba a mi alrededor como por arte de magia:  la gente y también la comida desaparecían de mi entorno; sólo me llegaba el olor de los platos y los vinos con una crueldad exacerbada.  Ya era bastante tarde cuando decidí irme al Graben Hotel, donde nos hospedábamos. Me envolví en mi abrigo y busqué un taxi a la puerta del palacio, pero a esa hora no encontré ninguno y decidí irme a pie, pues aunque ya era  tarde, el hotel no quedaba lejos. Mis pasos resonaban sobre las aceras y las calles adoquinadas camino del Graben,  junto a muchos  transeúntes, que  al igual que yo,  regresaban o irían de fiesta,  o quizás tras alguna aventura romántica, a esa hora de la noche. ¡Cómo deseé la compañía de Julián en esos momentos! Me envolví en mi abrigo, buscando su calor ausente, pero ante tal imposibilidad apresuré el paso para llamarle por teléfono y despertarlo.  Al llegar al hotel y solicitar mi llave, decidí ir primero a la habitación de Matías. Toqué a la puerta y él la abrió con el cepillo de dientes aún en la mano y  me pidió que pasara. Le contesté que no era necesario porque era muy tarde,  que sólo deseaba hacerle una pregunta, pero me interrumpió en voz baja para recriminarme.      
       -   ¡Por Dios, Daniela, claro que es muy tarde!  ¿Qué pasó contigo que te vi sólo cuando entraste  a la recepción y luego desapareciste? Te busqué por todo el salón y los alrededores del palacio y no te encontré.   
     -     Yo también te busqué, Matías, por todo el salón; me asomé al balcón, a ver si te veía en los jardines,  pero fuiste tú quien desapareció por arte de magia. Hubo un momento en el que te vi con  los árabes, pero muchas cosas me lo impidieron y me envolvieron una gran confusión. Era como tener una pesadilla. No podía avanzar al final, a pesar de que los invitados me dejaban el campo libre. Al principio todos se mostraban muy amables conmigo cuando entré al salón, pero a medida que avanzaba todos los invitados huían de mí cuando observaba mi espalda. No se por qué razón. –Luego, reflexioné y le pregunté angustiada.
     - Dime, Matías ¿No será porque mi vestido tenía un escote muy atrevido en la espalda  y por esa razón ellos  se avergonzaron de mí?      
      -    ¡Vamos, mujer, te veías regia en tu vestido negro azabache! No creo que el escote tenga que nada que con la actitud de los asistentes a la recepción. En ese caso las esposas de los delegados fueron quienes se llevaron a sus maridos una vez que tu pasabas -dijo riéndose-. No se, no encuentro otra explicación.   
     -   ¡Sí, eso era, Matías, por eso se alejaron de mí, cuando les mostré mi espalda… - Y agregué molesta.- ¿Por qué me dijiste que era un vestido moderno, actual y no atrevido? ¿Por qué, Matías, por qué lo hiciste?
Entonces abrió bien los ojos,  sacudió la cabeza y me preguntó a su vez, recostado de la puerta:   
     - ¡Por Dios, Daniela ¿Qué pasa contigo? Yo no te mentí, lucías muy atractiva, y más todavía con ese tatuaje en la espalda, sobre el rabito. Pero para saber esas cosas estás tú. ¿Es que acaso  no sentiste frío en las nalgas?


GRABEN HOTEL . VIENA




Caracas, 2014-2015
IMAGENES DE VIENA: WEB







viernes, 7 de agosto de 2015

UN VERDADERO ESTRENO.

                                                               
                                                     
   
     Cierta vez, en la ya lejana época de mi adolescencia, se acostumbraba en mi familia pedir algunos vestidos y artículos por catálogo en algunas tiendas en los Estados Unidos, tal como se hace hoy en día por Internet. En aquel entonces, ni en sueños yo imaginaba - por muchos libros de ciencia ficción que leyera en aquel entonces- que la computación o la informática, ya desde hacía muchos años en estudio, pudiera evolucionar de tal manera que -amén de las mil cosas que en la actualidad se investigan y conocen por Internet-, en el futuro  esas compras de vestidos y artículos  se harían a través de las computadoras, online, como se dice hoy. Y mucho menos que las redes de comunicación por esta vía tuvieran tanto poder como para derrocar gobiernos nefastos, tal fue el caso de la Primavera Arabe en años recientes. Ni hablar del desarrollo que  también tendría la telefonía a través de los teléfonos móviles o celulares.
     Pero volvamos a los recuerdos que me regala esta noche azul poblada de estrellas a través de mi ventana. Les hablaba de los catálogos de ventas por correo de vestidos y artículos que llegaban a la casa de mis abuelos y mis tías, que en ese entonces eran ya señoritas con novios unas, y a la espera de tenerlos, otras.


     















     - Llegó el catálogo de Montgomery Ward, al fin llegó- pregonó levantándolo lo más alto que pudo mi tía Margarita, la mayor de ellas, para evitar que se lo quitaran de las manos sus hermanas.

     Entonces todas nos arremolinamos a su alrededor para ver las últimas novedades en ropa femenina, que traía la publicación. En esos días me pasaba las vacaciones en la bonita casa de mis abuelos en El Conde, y por supuesto que deseaba integrarme en casi todas las actividades de mi jóvenes tías. Pero en ese momento de emoción, yo me quedaba rezagada a las espaldas de ellas y  de mi abuela, quienes casi no me dejaban ver los codiciados vestidos, en su prisa por hacerlo ellas, todas al mismo tiempo.
     Cuando pasó el alboroto y, por fin, pude hojearlo yo solita, también hice mi selección para que mis padres me hicieran el pedido. Pero, por desgracia me había enamorado de un vestido que ya había escogido Margarita, quien por esos días había comenzado a trabajar en la Gobernación del Distrito Federal y ya estaba haciendo su "trousseau" de novia, pues se casaría el año próximo. Carla, Helena y Fada esperaban con ansiedad, algún día, su turno en el camino hacia el altar que iniciaría su hermana mayor. Los dos tíos varones ni siquiera consideraban recorrerlo, aunque uno de ellos ya estaba también en edad de merecer".
     En pocas semanas llegó el ansiado pedido. El mío constaba de un vestido rosado con florecitas negras y unas zapatillas del  mismo color del traje. Pero yo continuaba enamorada del vestido de mi tía: blusa a cuadros escoceses blancos, rojos y negro y falda de este último color. Entonces le pedí que cuando se cansara del atuendo, que por favor me lo regalara. Pasó el tiempo y de vez en cuando le recordaba la promesa de regalarme el vestido cada vez que la veía. Otras,  lo hacía por teléfono.


     Pasaron dos años, y un buen día vi a mi tía menor, Fada con el precioso vestido de mi tía Margarita y le pregunté si ella se lo había prestado, y me contestó que no, que su hermana se lo había regalado. Entonces lo reclamé a ella, quien cansada de mis peticiones y también las de Fada decidió dárselo de una vez por todas. En vista de lo sucedido, llegué a la conclusión de que el ventajismo también se daba en nuestra familia. Ante la alternativa de perder el vestido para siempre, volví con mi mismo ruego a Fada y le hice prometer me pasaría el vestido "cuando se cansara de él".

      Y pasó otro largo año en el que mi ansiada prenda recibía más lavadas que posturas. Está demás decir que el tafetán negro ya estaba descolorido y rucio, de tanto uso. Hasta que Fada se cansó de él y ¡Por fín me lo pasó a mí!

    No podía creer mi dicha, de tener conmigo la ansiada prenda. Y llegó el domingo con su respectivo programa de misa, almuerzo y cine, en el que yo me engalané con el traje de tafetán "negro" y blusa escocesa,  que ya había vuelto a lavar y a planchar. Y juro que nunca me sentí más feliz y contenta que aquel domingo con mi anhelado atuendo. Significaba para mí mucho, mucho más, que si se tratara de un verdadero estreno.

Caracas,7 de agosto de 2015
IMAGENES: WEB



     



lunes, 29 de septiembre de 2014

EVA MARGARITA ESCOBAR SIERRA, UNA DESTACADA ESCRITORA COLOMBIANA


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 LA ESCRITORA, LA NOCHE DE LA GALA
   Eva Margarita Escobar Sierra, nuestra invitada de hoy, es una periodista y escritora colombiana reconocida a nivel internacional. Su gran sensibilidad poética llega al alma de quienes  leemos sus versos y sus cuentos, también mágicos. Ella tiene varios blogs de los que soy asidua lectora y que invito a visitar: 

   http://www.poesiaromanticadecolombia.blogspot.com, 
   http://www.cuentosparaunatardedeinvierno.blogspot.com
   http://www.escueladeprotocolo.blogspot.com


   El 6 de de septiembre pasado  Eva Margarita asistió como invitada a Yauco, Puerto Rico para asistir al "Sexto Encuentro Internacional de Poetas y Narradores...", en ocasión de la presentación del libro "Abrazos del Sur. Ensayos, Poesía y Narrativa 2014", en el que fueron incluidos sus poemas: "La Tormenta", "El Otoño", "Trilogía del Cansancio" (Fragmento), "Por qué" y "Mi ciudad". También fue incluido en el libro, su cuento "Hola, amigo celoso". Cabe destacar que la autora colombiana fue escogida como única representante de su país en la elaboración de esta importante "Antología de poetas y narradores (as) de Puerto Rico y América Latina"...
    
   Pero dejemos que sea la propia Eva Margarita quien nos hable un poco de ella misma, de su trayectoria profesional y de su participación en este importante evento realizado en Yauco, Puerto Rico, bajo la dirección de la Dra. Virginia Díaz Sánchez, Presidenta de "El Sur visita al Sur, Inc."


-¿Cómo crees que eres, Eva Margarita, y cómo definirías tu personalidad?
"Te diré como soy: Seria, a veces me califican de orgullosa. Pero no. Soy ¡TIMIDA! Nadie lo cree.
-Escribo, la mayoría de las veces, triste. Pero no lo soy. ¡SOY FELIZ! A veces, hasta graciosa. (La mayoría de las veces) POR QUE ME BURLO DE MI MISMA.
Amo la vida! Amo el amor. Amo la libertad. Amo la independencia.  Amo al mendigo, al anciano, al que esta triste, al que está solo. Al niño, al que sufre, al desvalido. ¡AMO CON TODA MI ALMA! ¡APASIONADAMENTE!
-Algo guerrera, de las causas perdidas. Las defiendo y brego hacer parte de la lucha diaria de los que no pueden defenderse. Soy la personificación Femenina de Don Quijote de la Mancha,  siempre luchando con los molinos de viento que encuentro en mi camino.
¿Te das cuenta? No soy muy humilde que se diga. Ja... Ja…Ja…
- Tengo pocos amigos: Los que tengo, son muy bien escogidos.
-Fácilmente, me desilusiono. Me es difícil, olvidar un desengaño y fácilmente, me siento herida, ofendida.
-No reclamo. No exijo.  No busco. No espero. Lo doy todo y solo pido, sinceridad y lealtad.  La mayoría de las veces, esto no se encuentra en los demás. Es una cualidad innata de los que soñamos e idealizamos. (GRAN DEFECTO)   ¿Entonces? Me retiro. Me alejo. Y me refugio, en mi soledad.
-Amo mi soledad, mi independencia,  mi intimidad. Son mis mejores amigas y no me gusta hablar de mí.
-¡Ya no más… Querida amiga!  Te he abierto mi corazón. (¡Como que me vas a conoces más que yo!). "
-¿Podrías decirnos quién eres y de dónde vienes? Háblanos un poco de tu familia.
"Quien soy. Nací en un año cualquiera, en Medellín, (la ciudad de las flores, de la eterna primavera). Capital del departamento de Antioquia. En un maravilloso hogar formado por dos seres maravillosos. Cultos, enamorados, de la vida de Dios, y de todas las maravillas del mundo. Papa: Eladio Escobar Escobar,  Abogado. Y mi mami, Eva Sierra Ochoa de Escobar E.  Una mujer muy culta para su época, que siempre estuvo a la altura de mi padre.
Los dos, me formaron, los dos, me hicieron que amara la música, las letras, el campo, los animales a la gente principalmente. Todo lo bueno que pueda tener yo, lo he heredado de ellos. Mis defecto, (no soy perfecta) lo he adquirido, en el camino de la vida.
Mis hermanos, son tres. Cada cual vive su propia vida y cada cual, tiene algo de nuestros padres. Todos son profesionales, uno tiene, una hermosa voz de barítono (El mayor y padrino de mi bautizo) otro, es médico, muy destacado y mi hermana, casada. Todos, escriben muy bien y todos son mayores que yo. "
-¿Dónde realizaste tus estudios?
"Todos mis estudios los realice en Medellín y luego, me especialice en Humanidades, Protocolo y  Relaciones humanas en general."

-Ahora coméntanos cómo se estableció el contacto entre los organizadores de "ABRAZOS DEL SUR" y tú,  y en que consiste el contenido del libro.

"Como te conté en su momento, fui escogida para representar a mi País en este libro: ABRAZOS DEL SUR. Ensayos, Poesía y Narrativa 2014.
Este libro ha sido escrito, cada año, desde el dos mil nueve y es el trabajo de varias Instituciones de cultura del Sur de Puerto Rico. Que hacen una recopilación de trabajos efectuados por diferentes escritores, poetas y narradores de su país y  países latinoamericanos.
Te incluyo el libro. No como libro digital, pues no acabaríamos nunca. Pero para que te des cuenta más o menos, de su presentación y el contenido de él.
El libro va para Uruguay y Paraguay (Estoy invitada a ir con el grupo) pero me es imposible, por ahora salir de viaje de nuevo."

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 Pasta del libro
Poemas incluidos míos
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Contra portada
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Poemas incluidos míos
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La acuarela que acompañó este poema El otoño
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El poema El Otoño


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Otros poemas
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Cuentos
Cuentos
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Película. Me puedo ver yo
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El pintor José Reyes el que pinto la acuarela que engalana mi poema el Otoño

   

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LA INVITACIÓN
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Esta es Virginia Díaz la creadora de todo esto y  mi primo El Medico Hernando Ortiz Sierra. En la más antigua ciudad de Puerto Rico. PONCE.   


    ENTREVISTA, MATERIAL Y FOTOS DEL EVENTO EN PUERTO RICO, ENVIADOS POR LA PERIODISTA EVA MARGARITA ESCOBAR SIERRA.             
  









miércoles, 28 de mayo de 2014

HAIKU TRISTE POR LA PARTIDA DE GUSTAVO ARCIA


Gustavo Arcia (Foto tomada de su Facebook)

Imagen tomada de la Web
                                                

                                 Te vas a Cielos
                                 de color arcoiris,
                                 mi buen amigo.

                                 Se fue contigo
                                 tu amor al terruño,
                                 a Venezuela.

                                Todos lloramos
                                tu ausencia tan triste,
                                al amanecer.

                                Recordaremos
                                tu presencia sonriente,
                                alegre, divertida.

                                Compañero de
                                estudios, trabajo y
                                aprendizaje.

                                Reviviremos
                                mañana tu memoria.
                                ¡Bálsamo será!

                                ¡Basta de luchas,
                                amigo y viajero!
                                Descansa en Paz.


Caracas, 25 de mayo de 2014







Datos personales

Mi foto

Nací un 28 de marzo en Caracas, Venezuela. Trabajé en la Industria Petrolera Venezolana e Internacional, incluyendo OPEP. Amo la Libertad, la Democracia y la Paz. Escribo cuentos: www.uncuentoentreamigos.blogspot.com