jueves, 19 de enero de 2012

LA PREOCUPACION




CARACAS, 1940. WEB
Hace ya mucho tiempo cayó sobre Caracas una avalancha  humana   venida tanto del interior como del exterior del país, en búsqueda de trabajo.
Formando parte de este alud heterogéneo vino también desde Maracaibo, Hermógenes
Rincón con su familia. El era albañil  y plomero, pero pensó que instalarse en Caracas le procuraría un futuro  más prometedor para su mujer y sus cuatro vástagos. Esta idea le vino, cuando Eusebio Montiel, su primo que era comerciante, fue a Maracaibo  a pasar las navidades  y le habló sobre las  nuevas perspectivas de trabajo que se presentaban en la Metrópoli en el área de la construcción.  Los Rincón, al llegar a la Capital se alojaron en una pensión del centro de la ciudad. 

Como todo cuesta trabajo al principio, las cosas no se pintaron fáciles. Hacía algunos trabajitos, pero lo que ganaba no era suficiente para cubrir  todos los gastos, pues la vida  era  mucho más costosa en Caracas que en Maracaibo. Y sucedió que por más esfuerzos que hizo se retrasó en  el pago  del alquiler de la pensión. Hermógenes ya le había prometido al dueño, don Evaristo Barrigas que le pagaría al mes siguiente, pero no pudo hacerlo. Así que transcurrieron  tres meses sin que el jefe de familia pudiera cumplir con el sagrado pago de la casa. Por esta razón el  dueño de la pensión amenazó con desalojarlo si en el término de dos semanas no le cancelaba la deuda. Entonces la angustia de Hermógenes  creció tanto, ante la imposibilidad inmediata de incrementar sus ingresos, que no podía conciliar el sueño por las noches.

  Una mañana muy temprano se dirigió, como de costumbre al tarantín que había puesto con un vecino en una calle cerca de la plaza, en el que anunciaba en un cartelón de cartón  con grandes letras pintadas de negro, sus habilidades como albañil y plomero. Cuando llegó el verdulero que le hacía compañía en el toldo del negocio, se extrañó al ver la cara compungida del maracucho.

 -¿Qué te pasa, vale, tienes dolor de cabeza o de muelas?  ¿Algún problema en especial?-
-Siempre los hay, primo, siempre los hay. ¡Menos mal que Dios vela por uno!
Entonces Hermógenes le contó a su compañero el motivo de su preocupación con el casero. Al escuchar Judastadeo el problema, le aconsejó visitar la iglesia de San Francisco y confiarle al santo de su nombre -con razón llamado el Santo de los Imposibles- sus angustias. El estaba seguro que lo ayudaría, y diciendo esto sacó de su maletín una estampita del santo que le regaló a su amigo. Entonces Hermógenes sin olvidar la recomendación del compañero, al terminar sus labores se dirigió a la iglesia a solicitar con mucha fe el favor a San Judas Tadeo.
Y sucedió que al salir de la iglesia  un anciano muy pálido, apoyado en un bastón lo abordó tomándolo  bruscamente por el brazo, quien voz suplicante le dijo:
-Hijo mío, ayúdame y llévame a un hospital, pues me falta el oxígeno.
Toribio llamó al verdulero que tenía una camioneta y rápidamente  los llevó hasta el hospital, donde quedó el anciano al cuidado de los médicos y enfermeras, y Hermógenes regresó a su casa.
Pero el maracucho no  se olvidó del enfermo, pues cada vez que podía iba a visitarlo y a conversar con don Pascual, que así se llamaba el señor. Esti resultó  muy reconfortante para ambos y la amena conversación les hacía olvidar a ambos sus preocupaciones. Y fue en una de esas visitas cuando don Pascual le pidió encarecidamente le hiciera el favor de enviarle un telegrama a su hijo, que vivía en San Critóbal,  informándole de su situación de salud, cosa que hizó el visitante al día siguiente.
Una tarde, como era  ya costumbre, Hermógenes fue a ver al enfermo,  pero se encontró con la noticia de que el anciano ya no estaba, pues le habían dado de alta y su hijo se lo había llevado a San Cristóbal. Hermógenes sintió no haberlo visto, pero se contentó, pues  ya su amigo estaba ahora con su familia, como debía ser.
Luego, pasaron unas semanas en las que la angustia del maracucho crecía pensando en su ya, más abultada deuda. Se acercaba el plazo del pago de la casa y  por más que él sacaba cuentas, los compromisos familiares y el escaso ingreso no le alcanzaban  para ponerse al día con  el casero.
Un domingo muy temprano y en el plazo acordado, el dueño del inmueble apareció por la puerta de la vivienda de la familia Rincón. Cuando Hermógenes  informó al dueño que aún no tenía el pago, pero que muy pronto se lo daría -sin saber de dónde sacaría la plata-, el viejo le contestó furioso que solamente esperaría una semana más para el pago de la deuda, y que si no lo recibía, entonces procedería inmediatamente al desalojo de él y su familia. Dicho esto salió furioso, mientras dejaba al pobre inquilino más preocupado aún.
Una noche al regresar del trabajo, Hermógenes se encontró con la noticia de que le había llegado un telegrama de “Suárez y Suárez”, un escritorio jurídico ubicado en el centro. En el escueto mensaje se le solicitaba pasar por ese despacho “para asunto que le concierne”.  El pobre maracucho entonces pensó que ahora sí era verdad que las cosas se le había puesto color de hormiga.  Sin embargo, para no preocupar más a su familia trató de calmarse, y luego, en la fecha requerida se dirigió al escritorio de los abogados. Cuando llegó aguardó su turno en la sala de espera, mientras fuertes cólicos le mariposeban al pensar lo que le diría el abogado. Por un momento se imaginó rodeado de rejas. De pronto  escuchó  que la secretaria pronunciaba su nombre.  Las piernas casi no le obedecían cuando se paró y la secretaria lo hizo pasar al despacho del Dr. Suárez.
-Mucho gusto, señor Rincón -dijo seriamente el abogado - imagino que usted no está enterado de por qué le hemos pedido venir aquí.
Hermógenes negó con la cabeza, pues por más que  lo intentó,  no pudo pronunciar palabra.
-Bueno, amigo mío, sucede que yo soy el apoderado del señor Pascual Chacón y este señor me ha encargado de transmitirle una decisión muy importante, y es que él ha decidido dejar su herencia en vida a sus familiares y amigos. De manera que me complace comunicarle que es voluntad suya que la casa situada en la Parroquia  San Juan, Calle de Jesús, No. 13, sea suya. También me ha encomendado entregarle la suma de ochocientos bolívares para  los arreglos que usted crea pertinente hacerle a la vivienda. ¡Felicitaciones!



ESQUINA DE JESUS. WEB

jueves, 5 de enero de 2012

LOVE, THE BEST DISARMING TOOL

JOVEN CHINA. IMAGEN: WEB

“¡Qué trabajo tengo en la  Tao Chi Transworld, Dios mío! Estoy cansada y me muero de hambre. ¡Cuántas cosas han ocurrido últimamente! A cien metros de mi hangar se encuentra el avión espía estadounidense E-P3. No puedo creerlo. Colisionó hace siete semanas con uno de nuestros caza aviones,  el F-8, cuando éste -según la prensa- justamente salía al espacio internacional a interceptar un vuelo  de rutina de vigilancia electrónica. Tampoco puedo creer que esto haya ocurrido en las costas del sur de China, un sitio tan seguro”… piensa la chica de braga gris, mientras coloca su bandeja con el almuerzo sobre la mesa del comedor de la línea aérea. De pronto se sobresalta al escuchar que la llaman.

-Ingeniero Kiu Tan Pei, ingeniero Kiu Tan Pei, favor presentarse a la Sala de  Conferencias de Mantenimiento! - Una voz femenina y firme se deja oír por el altoparlante del comedor de los trabajadores de la línea aérea. Entonces, la joven se levanta con rapidez  y se dirige al lugar donde es requerida su presencia.

“Vi por fotos a los veinticuatro tripulantes del E-P3, cuando nuestros diarios publicaron la noticia del desastre y del acto de espionaje norteamericano. ¡Malditos! " - piensa mientras se dirige a la Sala de Conferencias -. "No se qué estarían buscando en nuestras costas... Ahora está en plena disputa la responsabilidad del accidente donde murió, por desgracia, el piloto chino. ¡Y para colmo hay que desarmar el avión gringo para su devolución! Mi país los acusa y el de ellos los defiende. En el Pentágono las cosas deben estar color de hormiga, al igual que aquí. ¡Qué conflicto, Dios mío! Y el avión tiene que ser desarmado para su envío a los Estados Unidos. Imagino que para eso me solicitan en Mantenimiento. ¿Pero, por qué tengo que ser justo yo quien coopere en el desarme de la nave? Por mí que se hubiera caído al mar el avión y perecido también alguno de sus tripulantes. ¡Ojo por ojo y diente por diente!”, piensa mientras llega al sitio de trabajo. Allí la esperan cinco compañeros suyos y tres tripulantes del avión norteamericano.

IMAGEN: WEB
Tal como había imaginado la ingeniero,  el Jefe de Mantenimiento le ordena colaborar con ellos, pues el aparato debe ser devuelto -una vez  desarmado, y a la mayor brevedad posible- al gobierno norteamericano.
-En Estados Unidos opinan que  la nave está en muy mal estado y debe ser desarmado parcialmente- dijo el ingeniero estadounidense, James Almond, cuando llegado su turno informó a los asistentes a la reunión. Reinó un silencio embarazoso en la Sala de Conferencias, donde el equipo de trabajo planificaría el proyecto de desarme. A continuación, se inició el diagnóstico de la situación del avión.
“Tiene bonitos ojos ”, pensó la joven sin poder evitar espiarlo a ratos. "!Qué chica tan linda es  esta ingeniero", se dijo a su vez el técnico de Alabama.
-Mañana, a las siete a.m. daremos inicio a los trabajos y nos reuniremos en el hangar No. 25 - dijo el chino, jefe del departamento a los asistentes, luego de dos horas de intensa planificación. Buenas noches, hasta mañana.
-Buenas noches, contestó Kiu Tan Pen, viendo a James Almond, su contraparte. Una inclinación de cabeza fue la respuesta del  americano. Y al salir de la sala, la chica sintió que su mirada la seguía.
Luego de varios días de intenso trabajo, el avión fue desarmado. Los ingenieros trabajaron estrechamente por órdenes de sus respectivos países. En ocasiones la camaradería hizo olvidar el motivo del trabajo. La profesión y la juventud los acercaba, mientras un abismo político se interponía entre los miembros del equipo. Por su parte, James y   Kiu Tan se contaron sus vidas, sus proyectos y sus esperanzas.
Luego de once días de disputas entre Estados Unidos y China sobre la responsabilidad del accidente, los veinticuatro tripulantes regresaron a los Estados Unidos. Esto, una vez embaladas cuidadosamente las piezas de la nave americana y enviadas a su lugar de origen, en medio de fuertes tensiones entre los países afectados.  Pero ni el ruido producido por el revuelo político internacional, ni el del avión que llevaba a los tripulantes del E-P3 de regreso a su tierra, pudieron disminuir la pacífica  y dulce fuerza con la que se espiaban dos almas integrantes de ambos grupos en conflicto, - a su vez ya desarmadas desde el primer encuentro- por unas extrañas herramientas invisibles.

IMAGEN: WEB












Caracas, 27 de mayo de 2001


Cuento basado en el artículo de prensa: "Estados Unidos. Avión espía no puede dejar China debido a daños sufridos". Washington, EFE. Actualidad, 22 de mayo de 2001.




sábado, 31 de diciembre de 2011

LAS ANDANZAS DEL RECLUTA TORIBIO CUEVANEGRA



GUAYASAMIN (WEB)

     La escasez desplegaba su manto de miseria por todo el país. La prensa  comentaba cómo algunos  niños desnutridos habían tendido sus redes a los flamingos,  para atraparlos. Se alimentarían con  su carne roja, pues la blanca no existía ya en el pueblo. La cacería  y la pesca de ciertos animales como las garzas, las tortugas y otros representantes de la fauna nacional, que habitaban los  Parques Nacionales, estaba prohibida, pues iba en contra de las leyes  de preservación  de las especies  animales.  Sin embargo, el hambre es muy tozuda, y  la infancia,  sobretodo, no entiende ni de leyes ni de prohibiciones.  
     Mientras esto ocurría, el Poderoso, primera autoridad del país, veía con pasmosa indiferencia todo lo concerniente al hambre y al desempleo del pueblo. Para él y su séquito gubernamental la situación era otra. Regalaban al paladar con exquisiteces y caprichos gastronómicos propios de sultanes. Incluso, durante la visita de uno de los  pares  del Mandamás, y con el fin de adularle el paladar, el anfitrión, luego de  hacer investigar sus gustos gastronómicos, ordenó a uno de sus ad láteres que le entregara al chef  del palacio uno de los galápagos en vías de extinción  "¡Aunque estuviesen en tiempo de veda!"- vociferó.



     En cuanto al vestir, sus trajes eran diseñados por los mejores sastres y modistos internacionales, a la par que ostentaban costosas joyas. En cuanto a las viviendas; el lujo moraba en ellas y sus dueños poseían no sólo una sino varias, tanto en el continente como fuera de él. En resumidas cuentas, el dinero llenaba los bolsillos de quienes componían el tren de gobierno, pues no dejaban escapar ninguna oportunidad para hacer jugosos negocios en un país tan rico en diamantes, hierro, y minería en general. Así pues, que gobernaba la  irresponsabilidad,  y no había límites para la corrupción y tampoco para el despilfarro,  en el  afán del Poderoso de tratar de ganar adhesiones políticas y votos. Una revista especializada en el área económica publicó, incluso que el Mandamás era el segundo hombre más rico del Mundo.
              “La Abundancia”, antigua fonda del pueblo, que al igual que  sus habitantes vivió, tiempo atrás, días de franca prosperidad, veía hoy más que restringido el  menú que ofrecía a los comensales. Cuentan éstos que en el pasado no existía la inflación, y en consecuencia, el local ofrecía lo mejor del arte culinario del lugar. Hoy los tiempos que corrían distaban mucho de aquella nostálgica época.



     Cuatro  hombres se encontraban reunidos alrededor de la mesa del viejo restaurante. Eran amigos y compañeros de infortunio en las ya larguísimas tropas del desempleo, a pesar de ser agricultores.
-               - Tráenos otra ronda,  José del Carmen – dijo uno de ellos.
-              -  ¿Y con qué van a pagarlas, si no tienen trabajo, se puede saber? –preguntó, el dueño del local, cansado de fiarles el consumo, que ya llevaba varios meses.
-                   -¡Ay, Jacinto,  no vengas con tus lamentos ahora. Más pronto que tarde, como dicen ahora los políticos, seremos prósperos  y, volveremos a ponernos al día contigo. No te vas a arrepentir, pues te ayudaremos a mejorar el negocio. Hoy por mí, mañana por ti, hermano.-Explicó  Toribio Cuevanegra.
Entonces el hombre colocó de mala gana las botellas sobre la mesa, mientras advertía:
       -Sin exigencias, carajo, que no están frías.
La conversación de los amigos versaba, como de costumbre, sobre el desempleo,  tema que los preocupaba cada vez más. Habían tocado infinidad de  puertas: fábricas sin vacantes o empresas del gobierno, en las que ahora era requisito indispensable  pensar como sus dirigentes para optar a un puesto de trabajo. Nadie comprendía este absurdo carnet ideológico que obedecía, según se les informaba, a razones de estricta disciplina, pues era necesario  continuar sin interrupción alguna con los proyectos de engrandecimiento del País propuestos por el Poderoso.
  El desaliento de Toribio Cuevanegra era muy grande, y le dijo a sus amigos –mientras sorbía el resto de su cerveza tibia- que  ya no sabía qué puerta tocar para encontrar trabajo.
  Fue entonces cuando  Remigio Garzas - acordándose repentinamente de algo que había leído en la prensa- les informó:
-      - Pero ¿Es que no saben la noticia? Seis ojos interrogantes se  clavaron en los suyos. Entonces, emocionado por la buena nueva,  acompañó su discurso con un manotazo sobre  la mesa.
-            - Leí en el periódico esta mañana que están solicitando reservitas en el Ejército Nacional. ¿Por qué no van a la Reserva?
-             - ¿Reservistas? No, vale, ya yo hice mi servicio militar a los 18 años dijo Aquiles Nada,  y ahora tengo 58 –  dijo celebrando con una carcajada  la ocurrencia de su compadre.
-             -   ¿Y sabes también cuántos años tengo yo, Remigio? Preguntó a su vez  Salterio Rojas  - Yo tengo 59, entonces dime cómo, carajo, voy a enrolarme en el Ejército.
-              -  Y yo 57… -comentó  Toribio Cuevanegra  en voz baja, adolorido por el reumatismo  que no lo  dejaba en paz. 
-       Remigio Garzas, quizás por ser el más viejo de los tres apuntó que no había que desesperarse,  y los alentó una vez más a tocar la puerta del Cuartel.
-        Entonces los compañeros terminaron por convencerse de que, como dicen por ahí, no hay peor diligencia que la que no se hace. Y allá se fueron los cuatro a tratar de abrir, si no la puerta, al menos el postigo de la esperanza.
La fila de reservistas era larga, torcida y heterogénea en edades y  estaturas.  
         - Cuevanegra, Toribio- llamó con voz de trueno el Comandante de la Comisión de Reclutas. Cuando el soldado en ciernes  se  le acercó, midió  con la mirada la triste figura del recluta,  y luego le entregó la ropa  y el  calzado  de reglamento.  Toribio observó que la talla que le había suministrado era muy grande, y  así se lo hizo saber.
        - ¡Silencio!. – ordenó  el jefe-  Amárrese los pantalones si le quedan flojos,  y  pase ahora mismo al Departamento Médico.


       Sin chistar Toribio siguió las instrucciones impartidas. Esta vez  su  anatomía  fue sometida a la  revisión médica de rigor.
       -El cabo tiene reumatismo - dijo el galeno – pero no se preocupe, que aquí, hermano,  tenemos  la solución para todos los males. Una  buena dosis de dayamineral  lo pondrá en forma, ya verá. Y diciendo esto, le entregó un frasco del polivitamínico al recluta,  mientras escribía en un papel las indicaciones  para el tratamiento. Toribio, agradecido, antes de retirarse  se volvió hacia el médico para preguntarle el nombre.
       -Evaristo De La Isla, cabo. Para servirle en el Departamento Médico de Las Fuerzas del Desa Rollo Armado.
       A cada uno de los soldados  le fue asignada una tarea. La del cabo Cuevanegra consistía en trasladar y limpiar el armamento de rigor.  Este trabajo cansaba aún más sus adoloridas extremidades, situación que se agravó con la llegada de las lluvias. Entonces, el recluta buscaba alivio a sus males en el dayamineral recetado por el médico del cuartel, pero a pesar de haber consumido ya varios frascos, el pobre hombre se sentía cada vez peor  de la artritis.
       Una mañana temprano, en medio de un fuerte aguacero, Toribio trasladaba una carga de armas y   municiones a un galpón. Pero sucedió,  que mientras esto hacía, le dio un fuerte dolor en una de las piernas. A  pesar del inmenso  esfuerzo que hizo por sostenerse en pie, el recluta resbaló y cayó  al suelo en medio de un estrepitoso ruido, pues al caer una de las escopetas viejas que cargaba se activó y fue a dar  ¡Cosas del azar! En el único sitio no blindado del Poderoso, quien justamente esa mañana pasaba revista a los nuevos reclutas en el cuartel.
       Simultáneamente a la caída de Toribio y al disparo del arma,  se activaron también los cuerpos de Seguridad  del Régimen que no sabían qué estaba pasando, pues la seguridad del líder máximo estaba garantizada.- En el acto los miembros del Equipo Médico del Hospital del Cuartel esperaron la llegada del herido al quirófano. Allí los equipos quirúrgicos habían sido  fabricados  con el más noble de los metales sólo para el uso exclusivo del Poderoso y sólo algunos de sus fieles acólitos.
       La angustia y la preocupación  por la salud del Poderoso invadió al tren gubernamental . La Junta Médica formada por especialistas nacionales y extranjeros, a pesar de todo el esfuerzo científico y  tecnológico  utilizado, resultaron inútiles: El Poderoso se marchó de este mundo, pero no como vino a él, desnudo, sino forrado en oro de 18 kilates.
                               
        El timbre celestial sonaba  sin cesar, mientras  San Pedro  se dirigía pesadamente hacia el Portón,  tintineando nervioso su manojo de llaves.
       -Voy, voy. Ya le abro, un momento, por favor.
 Ese día el Santo no se daba abasto con el trabajo, a pesar de la ayuda angelical suministrada por Dios.  Finalmente, y a pesar de la fuerte conjuntivitis que lo aquejaba, abrió el  pesado y sagrado portón. Pero he aquí que al abrirlo, el ropaje del visitante, que era más brillante  que  los rayos del sol hirió sus adoloridos ojos. Encandilado, él alcanzó a ver la figura alta de un hombre de barba entrecana y bien cuidada, envuelto en una brillante y lujosa  capa. Detrás del del personaje, estacionada en la Himmelstrasse –la calle del Cielo- una nave inmensa de oro desprendía  tales destellos, que pretendía opacar los del Astro Sol y las estrellas del firmamento. Esta, que había trasladado al Dictador en sus viajes interestelares, aguardaba, una vez más, por el visitante con los motores en marcha. Entonces San Pedro, enceguecido ante tal espectáculo,  cerró bruscamente el  Portón Celestial y se volvió a su despacho, pues se hallaba muy ocupado con tantas guerras terrenas. Pero he aquí que el visitante continuaba sonando el timbre, como loco, en su afán de entrar en La Gloria. Y no dejaba de gritar:
           - ¡Abrame la puerta de una vez por todas, San Pedro. Vengo a hablar con Dios. Mi misión en la tierra no ha terminado, es muy importante y debo volver a ella cuanto antes!
. Los Angeles y Arcángeles asistentes del Santo Portero, fueron volando a su oficina y le comunicaron muy angustiados, que el impertinente visitante no los dejaba tranquilos con el timbre y no hallaban qué hacer. 
        El Santo, exasperado por el arrogante comportamiento de tan extraño ser empeñado a como diera lugar a quebrantar la paz celestial,  abrió nuevamente la puerta para decirle:
-       - Criatura engreída, usted no necesita venir a las puertas del Cielo para hablar con Dios vestido de tal manera:  el brillo de su indumentaria pretende  opacar la luz del sol y las estrellas, por lo tanto no puede entrar a la Gloria.  Aquí sólo entran los humildes y los pobres. Le aconsejo más bien ir a ver a Luzbel, quien gustoso lo recibirá en la "Quinta Paila" del Infierno. ¡El se alegrará muchísimo de verlo y de darle la Bienvenida!   



Y diciendo esto, el Santo  le cerró  con llave la divina  puerta del Reino de los Cielos.



 







-                           













Caracas, 2003/ Abril, 2004.



IMAGENES: WEB

jueves, 15 de diciembre de 2011

TIEMPO DE LLUVIAS Y VIENTOS



SAN FRANCISCO DE YURUNI -FOTO: MPG.

    A  través de la Gran Sabana, rodeada de pequeñas selvas y cerros, apenas interrumpiendo a su paso la maravillosa quietud, un autobús turístico recorría la impecable cinta de asfalto, que serpenteaba por las mesetas, rumbo a San Francisco de Yuruní.
iMAGEN: WEB
   
 Al llegar al poblado, la guía informó a los visitantes acerca de las facilidades turísticas del lugar: el pequeño restaurante atendido por los nativos, donde se podía almorzar;  las ventas de artesanías elaboradas por los indios pemones, y, por último, les indicó los sitios más seguros para tomar fotos.

        Una de las chicas del grupo no daba descanso a su cámara. Se movía con rapidez, tratando de captar lo que le ofrecía el  paradisíaco lugar. De pronto, en uno de esos movimientos,  el bolso se le resbaló del hombro, cayó al suelo,  y esparció todo su contenido sobre la maleza. La joven,  presurosa, metió los objetos dentro de la cartera, pues ya la guía hacía la primera llamada  para que el grupo de turistas abordara el autobús. La segunda llamada de salida  aceleró sus  pasos hacia el vehículo que los llevaría hasta Santa Elena de Uairén.

SAN FRANCISCO DE YURUNI - GRAN SABANA:
FOTO: MPG.
GRAN SABANA - CAIDA DE AGUA.
FOTO: MPG.

   Caía la tarde, y sobre San Francisco de Yuruní, un cielo de algodón plomizo anunciaba que era el tiempo de las lluvias, los vientos y los zancudos, y tiempo, también, de desovar los peces.
     
     Un joven pemón salía de su churuata con los ojos enrojecidos por el "guarapo de los ojos", que no dejaba de mojarle el rostro. Su mujer estaba en cama desde hacía varios días con el hijo en el vientre a la espera del médico que traería el avión de la Guardia Nacional. El no quería ser un "Karaun-yen", no deseaba ser llorón, pero el dolor en el pecho, en la pepita del vientre" lo sacudía como el viento a una palma moriche. No soportaba la idea de que su mujer y su hijo lo abandonasen. Caminaba cabizbajo entre la hilera de churuatas del poblado, perdiéndose por las verdes colinas, mientras esperaba la llegada del galeno. El cielo encapotado, casi negro, le avisaba que se avecinaba la tormenta; también se lo recordaban los relámpagos y los truenos, pero el joven indio  parecía no ver ni escuchar sino la voz de su corazón, que acallaba cualquier otra, y continuó su camino sin rumbo fijo. Recordaba con claridad el día en que su madre lo tomó de la mano sonriendo, y  se lo llevó al Hermano José en la Misión de Kamarata. Allí  conoció a otros niños y junto con ellos aprendió a leer y a escribir, se convirtió a una nueva religión y se hizo experto en varios oficios. A ratos, el recuerdo de su mujer enferma interrumpía sus pensamientos, pero trató de calmarse. Entonces su mente lo llevó de nuevo al encuentro de otros momentos felices.

QUEBRADA DE JASPE. GRAN SABANA. FOTO: MPG
   
      Sobre todo  el de aquella tarde, cuando regresaba del trabajo y se detuvo en la Quebrada de Jaspe. Aquel en el que   vio a una chica bañarse  en sus aguas. Retozaba feliz, bajo las cascadas. Su cuerpo moreno y bien formado, de muslos y senos prietos, lo sedujeron al instante. La observó emelesado. Luego, al tirarse, guardó su imagen para soñar con ella. Al poco tiempo la conoció   en una fiesta de San Francisco de Yuruní se hicieron novios, bañaron su amor en esa misma quebrada, y ahora ella, Diosita, yacía en el lecho sin saber, todavía, si irse o quedarse. Sólo Dios podía disponer de su destino.

     En medio de su dolor, el indio rogaba al Ser Supremo que su mujer y su hijo se salvaran, que no se fueran antes que él al lugar de sus antepasados. Pero ¿Qué podía hacer mientras esperaba la llegada del médico?  Entonces recordó el trozo de un salmo que Sor Antonia le enseñó, cuando era niño, en la Misión de Kamarata: "Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra"..." ¿Qué seguía luego?" Trató de recordar cómo continuaba la oración, pero no se sabía el resto, por lo que se limitó a repetir ese trozo por espacio de varios minutos, mientras levantaba los ojos hacia los negros  nubarrones. Un relámpago zigzagueó en  el firmamento, y se escuchó la profunda voz del trueno estremeciendo la Sabana. La lluvia comenzó a caer con fuerza. " ¿Cómo estará Diosita"?   

     El joven resistía la lluvia, empapado ya, cuando su agudo oído, acostumbrado a "sentir" los motores de las "canoas de zamuro" a miles de kilómetros de distancia, le  hizo latir corazón,  esperanzado. Se detuvo para pegar la oreja al suelo y adivinar la distancia del avión que se aproximaba. Entonces, al agacharse, alcanzó a ver un objeto azul entre el matorral, empapado y cubierto de lodo. Apartó la maleza. ¡Era un libro! Tomándolo, limpió la cubierta y en letras doradas  leyó: "Nuevo Testamento. Salmos. Proverbios". Lo abrió, y, al hacerlo, alcanzó a leer en la página enfangada; 

"Jehová es tu guardador
           cántico gradual

121 Alzaré mis ojos a los montes;
   2  ¿De dónde vendrá mi socorro?
         Mi socorro viene de Jehová,
         Que hizo los cielos y la tierra.

 ..."

     El chico pemón, no terminó de leer el salmo. Se  llevó el librito al corazón, y en medio de la lluvia, el guarapo de los ojos y los zancudos, se dirigió al Campamento, donde ya aterrizaba la canoa de zamuro. Estaba seguro que entre la tripulación, venia el Equipo Médico, y la ayuda  de medicamentos, y  alimentos para los habitantes de La Gran Sabana. El corazón se lo decía. Y , entonces, en medio de la desenfrenada carrera, que le quitaba el aliento,  alzó los ojos a los montes. El Socorro  llegaba a la Gran Sabana,  junto a su  esperanzada familia: Diosita y el hijo por nacer.

 Y todo, por la Gracia  infinita de Dios.




Imagen: WEB