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URBANIZACION 23 DE ENERO (WEB) |
La
abuela entra con gran alboroto en el cuarto de los niños.
-¡A
despertarse, muchachos, que los esperan en la plaza para el Juramento de
Fidelidad al Líder Supremo. Báñense rápido, que ya las arepas van a estar listas!
Los
chicos se apuran bajo la voz de mando de la abuela, y salen hacia la plaza,
donde varios adultos que portan pancartas rojas los esperan para entregarles los
fusiles. Pero antes de salir, la doña le
ordena a Juancho:
-¡No
te vayas a distraer con tus amigos. Dale siempre la mano a tu hermanito! ¡No lo olvides!
El mayor de los chicos toma al más pequeño de la mano antes de cruzar la calle frente a plaza. Se siente responsable, pues él tiene diez años y Pedrito, sólo cinco. Los
niños del barrio se encuentran sentados en el templete preparado para la ceremonia, en medio de banderas y estampas de santos en la pared del fondo. Por supuesto que en el medio está la del líder supremo, mucho más grande. Detrás de ellos, de pie se encuentran varias personas que llevan consignas revolucionarias. Portan armas largas. Otros adultos -en peculiar ceremonia precedida de un largo discurso que exalta las virtudes del líder-, hacen entregan a los niños de los fusiles con los que defenderán la revolución hermosa. Luego les cubren los rostros con pañuelos colorados. Uno de los chicos estornuda, y la mujer que se encuentra a
sus espaldas, al ver que se le cae el pañuelo, se lo vuelve a colocar sobre la
cara y lo regaña. Luego, le ajusta el fusil sobre las piernas y obliga al muchachito a mantenerlo derecho.
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IMAGEN: WEB |
De
pronto se escuchan disparos. Unos zagaletones armados, irrumpen y atraviesan la plaza, mientras otros encapuchados los persiguen y les
disparan. Todo el mundo corre despavorido. Crece el pánico como árboles fantasmales. Los niños gritan en
medio de los tiros cruzados de las bandas. Juancho busca a Pedrito. No lo ve y
corre hacia la esquina. No lo encuentra. Luego, regresa a la tarima en medio del tiroteo y se detiene: su hermano yace en el suelo bajo uno de los bancos. Sangra. Juancho, desesperado lo sacude, lo llama. Le
toma la mano inerte, lo abraza. Y rompe a llorar.
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IMAGENES: WEB |
Caracas, 14 de febrero de 2014